Entrega total.

Ella, se enciende al besar su cuello. Que decir de ese delicado recorrido de mis manos atravez de su espalda. Besa, muerde, y se abraza a mi cuerpo vibrando de placer. A sus cuarenta es como una veinteañera pidiendo no parar, y yo le sigo el ritmo al vaivén de sus caderas. Su experiencia sale al descubierto al cambiar de posición, se acomoda perfectamente para besarla toda, de los pies a la cabeza. Tiembla, y me tira del pelo, mientras de su boca ansiosa dice … ya, hazlo ahora. La miro a los ojos y veo en ellos el fuego candente que pide que ponga un leño que avive esa hoguera encendida de tanta pasión. Sonríe traviesa y con su magia de mujer me vuelve loco al morderme el pezon. Esa noche como tantas nos entregamos, nos fundimos de tanta adrenalina corriendo por las venas, que nos olvidamos del tiempo y nos abrazamos al final del acto, para subir a la cima del cielo juntos. Intercambiamos sonrisas, besos y mordiscos que dejaban huellas en la piel…lo mismo que al oído susurrando palabras que salían del corazón.

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